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Ernesto Sábato pronosticó el final de un estilo de vida
El filósofo existencialista que anida en el autor de “El túnel”, leyó su mensaje desolador sobre el estado de la humanidad ante la audiencia que celebraba el nacimiento de una institución financiera
E.A. Moreno-Uribe
Ernesto Sábato, célebre escritor y ensayista argentino, vino, habló y se marchó de Caracas, tras leer en el atestado Teatro Teresa Carreño, el pasado martes, varias cuartillas donde resumió su realista visión de cómo está América y el resto del planeta, dentro de un evento institucional de Banesco, la nueva entidad bancaria.
Dijo el conferencista -cumplió 91 años el pasado 24 de junio que para su visión y análisis, el continente americano tiene una riqueza mineral que lo convirtió durante muchos siglos “en objeto de codicia y explotación”, pero también está habitado por “una sufriente población”, a la cual él hizo pública su “emocionada admiración”.
Sin salida
Recordó Sábato que él viene de Argentina, un país que cayó de “su situación de país rico, riquísimo, el cual durante mi juventud conocí como la séptima potencia del mundo”, hasta llegar a ser, hoy por hoy, “una nación atrasada por los explotadores y corruptos, los de adentro y los de afuera, como la mayoría de los otros países de nuestro continente, sin plata para cubrir las más urgentes necesidades de salud y educación, al tiempo que es exigido por los organismos internacionales a reducir más y más el gasto público, de tal manera que ya no hay ni gasa en los hospitales públicos ni tiza en los colegios”.
Advirtió, con su voz gastada, pero repleta de verdad en lo que afirma, que “pareciera que no tenemos salida porque debemos a esas instituciones internacionales unas cifras impagables que contrajeron quienes nos gobernaron con impunidad.
Nos hemos convertido en un país pobre, con una deuda externa extenuante que pesa sobre nuestro pueblo. Sufrimos una sensación de impotencia que parece comprometer la vida de nuestros hijos, pero en medio de esta situación, una concepción nueva de la vida está creciendo entre nosotros en medio del caos, la pobreza y el desempleo; todos nos estamos sintiendo hermanos, quizás como nunca antes, en América...
al parecer, porque cuando abunda el peligro, abunda lo que hace falta”.
Manifestó el autor de la novela Abbadón el exterminador, que “todos los americanos vivimos unos tiempos aciagos, pero estamos llamados a encarnar una gran utopía. “Estamos frente a la más grave encrucijada de la historia y ya no se puede avanzar por el mismo camino, porque el desamparo del hombre se ha quedado sin punto de referencias, y la vida huye hacia ninguna meta y no encuentra justificación”.
Recordó que a pesar de la crisis que se vive en América, “esta es también nuestra oportunidad de luchar para no permitir que sea estéril tanto sufrimiento.
La grave situación que atravesamos no es únicamente la crisis de un determinado sistema, sino el quiebre de una concepción de la vida basado en la idolatría a la técnica y la desacralización de la criatura humana”.
Otra paradoja
Comentó, que hace más de 50 años, cuando publicó su ensayo Hombres y engranajes, recibió críticas y ataques feroces de parte de los llamados progresistas, quienes se negaron a ver el desastre que “yo les advertía por su fetichismo con la ciencia y la razón; además negaban la visión del apocalipsis que se estaba gestando en medio de un optimismo tecnocrático. Y la gran maquinaria siguió adelante hasta que el hombre comenzó a sentirse en un universo incomprensible, cuyos objetivos desconocía y cuyos amos invisibles lo trituraban. Entonces escribí esta paradoja cuyas últimas y más prácticas consecuencias padecemos en la actualidad, todo eso es el resultado de dos fuerzas dinámicas y amorales: el dinero y la razón. Con esas fuerzas el hombre conquista el poder secular, pero, y ahí está la raíz de la paradoja, esa conquista se hace mediante la abstracción desde la palanca hasta el logaritmo”.
Afirmó que la historia reciente del creciente dominio del hombre sobre el universo, ha sido también la historia de las sucesivas abstracciones. “El capitalismo moderno y la ciencia positiva son las dos caras de una misma realidad desposeída de atributos concretos, que han generado o creado no un hombre concreto y real, sino un hombre masa, ese extraño ser con aspecto todavía humano pero sin emociones, dentro del engranaje de una gigantesca maquinaria anónima. Este es el destino contradictorio de aquel señor renacentista que orgullosamente se levantó contra Dios, al tiempo que proclamaba su voluntad y dominio”.
A más de 50 años de la publicación de su profético Hombres y engranajes, dijo que ya muchos advierten el cumplimiento de su profecía, donde él manifestó que “estamos en una fase final de una cultura y un estilo de vida, que durante siglos dio a los hombres amparo y orientación”.
MEMORIA
La geometría fue el primer milagro
Ernesto Sábato recordó que tuvo una madre tierna y un padre durísimo. Durante su infancia triste, desarrolló una introversión que encarnizadamente lo llevaba a “escrutar mis ideas, mis presunciones, mis sentimientos. Eso se intensificó cuando me enviaron a seguir los estudios secundarios en una ciudad que para mí era remota. Allá recordé con melancolía a mi madre, al mismo tiempo que me sentía sucio y culpable, ansiando un orden límpido que no tenía. Y entonces tuve una revelación portentosa, cuando nuestro profesor de matemáticas demostró por primera vez ante nosotros un teorema de geometría. No lo supe, claro, pero acababa de descubrir el universo platónico, el perfecto orden de los objetos ideales, eternos y purísimos. Aquel milagro marcó buena parte de mi existencia. Seguí cometiendo mis torpes intentos en pintura, pero aquel universo me subyugaba, porque estaba exento de los defectos que me atormentaban, atributos de un mundo nocturno que, sin embargo, ejercía sobre mí otro tipo de fascinación. Puedo decir ahora que mi vida entera fue una pugna de esas dos inclinaciones, que aumentó cuando con los años los fantasmas que se agitaban en mi inconsciente trataban de manifestarse.
envio rui mendes
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